Siento que me está pasando algo un poco inusual en mi impulso hacia el minimalismo y el desapego, hacia mi abstracción personal de libertad.
Supongo que la semilla que comenzó todo la plantó en mi el libro Ligero de equipaje, que mi papá me regaló cuando tendría unos 14 años. Dicho de otro modo, ese libro influyo mucho en el marco conceptual en el que me muevo hacia la libertad. Eso, su lectura, fue el primer paso. O, más que decir «paso», debería decir «evento», «suceso», «fenómeno», «decisión»: «paso» implica un esfuerzo de parte mia y tal no existió, ni en este ni en los siguientes “pasos” de los que les voy a contar. El hecho es que este “fenómeno”, el primero, cambió un poco mi forma de pensar respecto a algunos temas como, por ejemplo, el sufrimiento (emocional) y el dolor (físico). Nada demasiado profundo.
Pasarían como diez años antes de que se diera el segundo “paso” significativo en esta dirección. En el 2006 mi familia se mudó de la gran casa en la que viviamos en San José de Bavaria a un apartamento de la mitad del tamaño. En ese entonces reflexioné un poco y empecé a tomar varias medidas hacia el minimalismo. Ya les he contado un poco al respecto: regalar todos los libros que leo; haberle dejado mi colección de action figures, —que con mucho esmero había estado construyendo y de la que me sentía muy orgulloso—, a una prima de 14 años... luchar contra el consumismo en general.
La vida dió sus vueltas y un año después estaría viniéndome a Zürich, una oportunidad más para reafirmar ese minimalismo. Llegué, por decisión propia, con muy pocos objetos aparte de ropa. Decidir no comprar ningún computador personal (los restos del que tenía se los dejé a Nelson), únicamente el laptop que Google me dió, para liberarme, un poco, de la tecnología. Antes solía pasar muchas horas configurando mi computador (y mis servidores), ahora lo evito.
Con esto llegó, inesperado, un tercer paso: liberarme del interés por el conocimiento. Soy mucho menos geek que antes. Me di cuenta de esto pasando algo de tiempo, hace unas semanas, con una amiga muy geek. Veía en ella, de forma muy clara, a quien yo solía ser, pero a quien definitivamente no soy ya. Mis prioridades han cambiado bastante. Antes tenía mucho más interés por el conocimiento que ahora: había muchos temas (relacionados en su mayoría con tecnología) de los que me interesaba mucho saber por el placer de saber, en los que saber, ser bueno, era un fin en si mismo. Ahora son muchos menos y el interés es diferente. Con decirles que en lo que va del año no he escrito casi ni una línea de código (software) que no sea parte de mi trabajo. Es irónico que después de instar a tantas personas a ser mejores programadores, a saber más, me suceda ésto.
Creo que este tercer paso empezó a ocurrirme a mediados o finales del 2007 y apenas ahora está terminando. Curiosamente, coincidió con mi entrada a trabajar en Google, en un entorno de trabajo mucho más interesante y en el que estoy aprendiendo de tecnología a una velocidad mucho mayor que en cualquier otro en el que hubiera estado antes. También tuvo una consecuencia interesante: ahora leo aún más que antes. Como dije, este tercer paso sucedió de manera inesperada, sólo lo noté hace muy poco, después de que se hubo producido, y debo admitir que me sorprendió bastante.
El cuarto paso aún no ha tenido lugar pero creo saber cuál será. Lo vislumbré como potencialidad en una conversación que tuve con Sergio hace unos meses, en la que hablamos de liberarse de la información.
En el fin de semana estuve seleccionando de las fotos que he tomado algunas para imprimir y colgar en mi apartamento. Al principio imaginé que seleccionaría fotos de lugares en los que he estado, pero pronto fue evidente que estaba seleccionando en su mayoría fotos de personas a las que quiero y he querido. De Moralito, de la sombra de Patricia, de mi hermano en San Francisco, de Paula, de Sebicho, de mis papás en Florida, de Natalia, de Miriam, de Camilín, del matrimonio de Latorre, de El Loco, de Cavorito. Decorando con ellas mi apartamento me acercaría un poco a momentos felices del pasado, alargándolos hasta el presente. Llenaría un poco con su calor mi apartamento. Y ahí me acordé de la conversación con Galactus. Librarse de la información que se genera, de las fotos y, mucho más importante, del pasado y de la memoria. Creo que ese será, si sucede, mi cuarto paso.
Otra ironía aquí: noto ésto poco después de decidir empezar a escribir sobre todos los libros que voy leyendo y construir EekFun para poder llevar un registro. Una de las razones por la que lo hago es para poder regresar en algunos años a las notas que tomé sobre algún libro y poder recordar lo que pensé tras leerlo. Les confieso que tengo muy mala memoria: varias veces me ha pasado que recuerdo haber leído un libro o visto una película pero no recuerdo muy bien qué pasaba o inclusive qué tanto me gustó.
Supongo que liberarse de la memoria, aplicar el minimalismo y el desapego al pasado, implica aceptar que, si la vida es un camino, el pasado importa mucho pues determina cuál es el presente, —se está donde se está gracias a que se estuvo donde se estuvo—, pero que no es importante recordarlo, recordar el camino que lo ha conducido a uno a donde está. Con esto me refiero especialmente a lo que uno piense, a las creencias. En un momento determinado a uno le cabe, por así decirlo, una cantidad finita de pensamientos en la cabeza. Liberarse del pasado implicaría tener ciertas creencias sin acordarse muy bien de por qué se tienen: simplemente saber que en algún momento se pensaron y fueron aceptadas como válidas, que si fuera necesario uno podría volver a analizar alguna y quizá reconstruir las razones que lo llevaron a uno a aceptarla, pero que esto requeriría tiempo y esfuerzo: reconstruir y no simplemente recordar.
En parte por eso de que a uno le cabe una cantidad finita de pensamientos, supongo que en la medida en que se libere el espacio ocupado por los recuerdos quizá se pueda experimentar de manera más intensa el presente. Me aburre cuando mis amigas se dedican a hablarme y hablarme del pasado, de sus amigos y amigas, de sus viajes. Yo trato de hacerlo poco, de sólo hablar del pasado cuando sea realmente relevante y de concentrarme en vivir el presente.
Comencé esto diciéndoles que me está sucediendo algo inusual. Me refieron a este “paso”, —insisto que la palabra «paso» no es ideal para lo que quiero decir porque implica un esfuerzo consciente por darlo. Siento que en algunas cuestiones implica un poco dejar de ser “humano”. Por ejemplo, dejar de poner fotos del pasado, de mis amigos, en mi apartamento y reemplazarlas, quizá, con fotos abstractas. No sé. Supongo que, como todos los anteriores, se irá dando gradualmente, siempre con pequeñas decisiones que tienen perfecto sentido y que, al tomarlas, harán al cabo de un tiempo que otras que antes no lo tuvieran lo adquieran, cada vez abarcando más.
O quizá no se dé, quizá no pase nada más.
Ya se verá.
Last update: 2008-05-27 (Rev 14188)


